No obstante, Rodríguez Jiménez reconoce que «la extracción social de las bases carlistas es más bien heterogénea».
En última instancia, el carlismo se definiría por su «condena del liberalismo como algo ajeno a la realidad de España» y debido a su pervivencia a lo largo de los años acabó convirtiéndose en la «reserva espiritual» de las fuerzas reaccionarias, «impregnando al tradicionalismo católico con sus elementos míticos y su retórica militarista» (en lo que enlazaría con el miguelismo portugués o el legitimismo francés).
Para todos estos autores la «tradición» en el caso español estaba inextricablemente unida al catolicismo.
[24] Pocos años antes de la división del carlismo, había surgido el «maurismo», un movimiento político formado en torno al líder conservador Antonio Maura que no llegó a constituir un partido nuevo, pero sí que contó con su propia organización.
Se trataba de una organización integrada por más de ocho mil voluntarios armados (en su mayoría burgueses o personas conservadoras y católicas pertenecientes a otros sectores sociales) que se ofreció a las autoridades como fuerza auxiliar del orden público.
Su éxito inicial fue tal que pronto se extendió a otras ciudades españolas (en Madrid surgió una organización similar denominada Defensa Ciudadana).
Mayor éxito tendrá La Traza, una organización fundada en Barcelona en marzo de 1923 que pretende emular al fascismo italiano pero que, según Joan Maria Thomàs, «aunque compartía con el fascismo algunas resonancias» «en realidad no era sino una muestra genérica de regeneracionismo autoritario».
Su finalidad sería «unir y organizar a todos los españoles de buena voluntad e ideas sanas».
[40] En abril de 1930 nació el Partido Nacionalista Español (PNE) fundado por José María Albiñana, «prototipo de la extrema derecha ultranacionalista y católica que se dejó tentar por los ademanes del fascismo»,[41] aunque el PNE, según Joan Maria Thomàs, nunca fue fascista.
[42] Sin embargo, fue de los primeros grupos políticos en reivindicar el recurso a la violencia para alcanzar sus objetivos.
[44] Además de por su ultranacionalismo español autoritario, el PNE se distinguió por su antimasonismo y por su radical antisemitismo.
Por su parte, el líder de Renovación Española Antonio Goicoechea también visitó la Alemania nazi y a su regreso hizo comentarios entusiastas hacia Hitler, con quien se había entrevistado.
[64][65] Como ha destacado Ismael Saz, las derechas experimentaron durante la República un proceso, aunque incompleto, de impregnación fascista.
[72][73] Según Eduardo González Calleja, la forma predominante del fascismo español en el período de entreguerras se caracterizó por un «ethos tradicionalista» y un carácter «contrarrevolucionario».
[85][86] El golpe auspiciado por la derecha radical pero no organizado por ella sino por una parte del Ejército se inició en el Protectorado español de Marruecos en la tarde del viernes 17 de julio y su fracaso relativo en los tres días siguientes provocó la guerra civil.
[89] Sin embargo, tanto Falange como la Comunión Tradicionalista, cuyas milicias estaban teniendo un papel muy destacado en el frente y en la represión en la retaguardia, continuaron con sus actividades propagandísticas ante la perspectiva de que pronto se acabaría la guerra (se consideraba inminente la caída de Madrid).
[113] Sin embargo, como ha destacado Joan Maria Thomàs, «aunque el nuevo partido se llamara también Falange» se había creado «una entidad de nuevo cuño», y «tanto Falange como la Comunión habían sido borradas del mapa de un plumazo».
Asimismo la propaganda enfatizaba el carácter anticomunista del régimen y su contribución a la defensa de la «civilización cristiana».
[148] Sin embargo, Franco se negó a atender lo que más le requerían los aliados: suprimir el partido único FET y de las JONS, «la institución más fascista del régimen»,[149] aunque su presencia pública disminuyó ostensiblemente (por ejemplo, se suprimió el «saludo nacional» brazo en alto).
[151] Por otro lado, en el ámbito carlista también surgieron varios pequeños grupos de «intransigentes» en defensa del ideario tradicionalista.
[157] Por otro lado jóvenes falangistas protagonizaron algaradas callejeras, enfrentamientos con monárquicos, liberales e izquierdistas en la Universidad y diversos actos de protesta mostrando su disconformidad con la evolución del régimen.
[163][164] En octubre de 1969 los «tecnócratas» se impusieron cuando Carrero Blanco formó un gobierno llamado «monocolor» por estar integrado casi exclusivamente por ellos.
La escisión se consumó al principio de la década siguiente, tomando don Javier partido por Carlos Hugo en quien acabó abdicando todos sus «derechos».
[174] Fue apoyado por algunos jerarcas del régimen como el teniente general Tomás García Rebull, antiguo divisionario.
[187] En tal sentido, cabe destacar que se desplegaron tres categorías de violencia; la identitaria, la vigilantista y la incontrolada.
Todos juntos no llegaron a sumar más de 44 000 votos (y ningún escaño) en el conjunto del territorio en las elecciones generales.
Pero, al igual que la PxC, en las de 2015 se hundió (solo mantuvo un edil valenciano y otro en Alcalá).
[225] Paralelamente la extrema derecha actuó por diversas vías civiles, como las acciones judiciales del «sindicato» Manos limpias, cuyos dirigentes fueron detenidos por la policía en 2016 por extorsión y fraude; o el activismo «social», que tomaba como referente la italiana Casa Pound, del casal Tramuntana de Barcelona, activo entre 2011 y 2015, y el Hogar Social Madrid (originariamente Hogar Social Ramiro Ledesma) desde 2014.
[227][228] «Unas cifras impresionantes que certifican el éxito de una fulgurante andadura política», comenta la politóloga Beatriz Acha.
[232] En este último punto coinciden otros politólogos como Cristina Monge y Jorge Urdánoz, que afirman que «la irrupción de Vox en 2019» estuvo «originada entre otras cosas como reacción del nacionalismo español frente al procés catalán».