[9] En 1918 la familia arrendó su residencia en Mannheim y se trasladó a una casa que tenían en Heidelberg.
[19] En Múnich y Berlín comenzó una estrecha amistad que duraría medio siglo con Rudolf Wolters, quien también estudió con Tessenow.
Tras fracasar en este empeño, su padre le dio un trabajo a media jornada como gerente de sus propiedades.
Tras uno de estos encuentros, Hitler lo invitó a almorzar, para gran excitación del arquitecto.
[39] También hizo al arquitecto miembro del Reichstag, aunque este organismo tenía entonces muy poco poder efectivo.
[40] El canciller le ordenó elaborar planos para reconstruir Berlín como capital del mundo, Welthauptstadt Germania.
[54] El historiador alemán Matthias Schmidt afirmó que Speer en persona inspeccionó campos de concentración y describió sus relatos como «una farsa absoluta».
[56] Cuando Alemania hizo estallar la Segunda Guerra Mundial en Europa, Speer puso en marcha escuadras de reacción rápida para construir carreteras o limpiar escombros.
Speer, que llegó a Rastenburg la noche anterior, había aceptado el ofrecimiento de Todt para volar con él a Berlín, pero lo canceló pocas horas antes del despegue porque había estado hasta tarde en una reunión nocturna con Hitler.
[65] Speer era festejado en esa época, como también lo fue en la posguerra, por el «milagro del armamento» que consistió en un espectacular aumento en la producción de material militar en Alemania.
[66] A aquel aumento productivo probablemente contribuyeron más otros factores que el propio Speer.
La producción de petróleo decayó tanto que imposibilitó cualquier acción ofensiva y el armamento quedó almacenado.
Acordó ampliar Auschwitz y algunos otros campos, asignando 13,7 millones de Reichsmark para esos trabajos.
En las obras se incluyó material para construir cámaras de gas, crematorios y morgues.
Su título formal cambió a «Ministro del Reich para Armamento y Producción de Guerra».
[84] Se puso bajo los dudosos cuidados del doctor Karl Gebhardt en una clínica médica llamada Hohenlychen, donde los pacientes «misteriosamente no lograban sobrevivir».
Deseoso por retener su poder, no designó a un delegado y continuó dirigiendo el trabajo del Ministerio de Armamento desde su cama.
[86] Sus rivales políticos aprovecharon la oportunidad para socavar su autoridad y dañar su reputación ante Hitler, cuyo apoyo incondicional perdió junto con gran parte de su poder.
[93] En esa época 140 000 personas trabajaban por la fuerza en las fábricas subterráneas, que eran verdaderas trampas mortales por la disciplina brutal y las habituales ejecuciones.
[114] Speer fue llevado a varios centros de internamiento para funcionarios nazis e interrogado.
Se supo que su afirmación era falsa tras el hallazgo de una carta privada escrita en 1971 y revelada públicamente en 2007.
Sin embargo, Speer se las arregló para enviar 20 000 páginas de escritos a Wolters.
[128] Gran parte de sus energías las dedicó a mantenerse en forma, tanto física como mentalmente, durante su largo encierro.
[130] Para hacer sus paseos diarios por el jardín más atractivos, se embarcó en un viaje imaginario alrededor del mundo.
La Unión Soviética, que había exigido una sentencia de muerte en el juicio, nunca lo consintió.
[139] Aunque afirmó que esperaba reanudar una carrera arquitectónica, su único proyecto, una colaboración para una cervecería, no tuvo éxito.
[7] Trommer dijo que no era un tecnócrata apolítico, sino uno de los líderes más poderosos y con menos escrúpulos del régimen nazi.
[31] Speer también buscó retratarse a sí mismo como un oponente al liderazgo de Hitler.
[101][165] Speer mantuvo en los juicios de Núremberg y en sus memorias que no tenía conocimiento directo del Holocausto.
[170] El «milagro» armamentístico era un mito sostenido sobre la manipulación estadística que Speer efectuó para respaldar sus afirmaciones.