[4] Como ha señalado Antoni Furió, «el progreso material y la promoción política se tradujeron en una gran efervescencia cultural, estimulada igualmente por el carácter cosmopolita de la capital, que recogía gentes de todas partes, y por los contactos regulares con el exterior, sobre todo con la península italiana, desde donde irradiaban las nuevas corrientes humanistas y renacentistas.
También tradujo una parte del poema latino Africa de Petrarca con el título Escipió e Aníbal.
Los más extensos son los que llevan los senyals Llir entre cards y Plena de senys, dirigidos a dos mujeres diferentes.
Se ha discutido quién fue su autor pero, según Antoni Ferrando, «la convergencia y la acumulación de una serie de preferencias léxicas o variantes formales (plegar, amprar, espill, sancer, oronella, vesparada, marjal, mentira, pegar, acurtar, etc.) delatan la procedencia valenciana del mismo».
[10] La que sí fue conocida —y aclamada— en su momento fue la novela, también de caballerías, Tirant lo Blanc escrita por el caballero Joanot Martorell, aunque cuando murió en 1468 no la había terminado, por lo que fue acabada —y retocada— por Martí Joan de Galba —y no se sabe si por alguien más—.
El humanista valenciano Luis Vives desaconsejó su lectura por inmoral, pero cien años después Miguel de Cervantes lo consideró «el mejor libro del mundo» y Shakespeare se inspiró en algún episodio para su obra Much Ado About Nothing.
Fue conocido tanto por sus poemas amorosos, muy leídos por las damas valencianas, entre los que se puede citar la Balada de la garsa i l'esmerla, como por sus obras religiosas entre las que la Oració a la Santíssima Verge Maria fue posiblemente la más conocida.
Participó en el certamen poético organizado en 1474 por Bernat Fenollar que dio lugar a las Obres e trobes en llaors de la Verge Maria, el primer libro literario impreso en la península ibérica.
Entre sus obras profanas, inspiradas sobre todo por Ovidio y Bocaccio, destacó la Tragèdia de Caldesa.
Según Ferrando «quien quizá expresó mejor este sentimiento fue precisamente un gerundense recién llegado al cap i casal, Francesc Eiximenis».
[15] En su dedicatoria del Regiment de la Cosa Pública escribió:[15] Este sentimiento identitario valenciano, expresado por Eiximenis, también se trasladó al nombre de la lengua en lo que Antoni Ferrando ha denominado «particularismo onomástico».
A partir de esa fecha aparece el término «llengua valenciana» —el primer escritor en emplearlo fue Antoni Canals en 1395—,[15] sin que su uso, como han destacado varios historiadores como Ferrando o Agustín Rubio Vela, signifique que se considerara una lengua diferente al catalán.
Por ejemplo, en el proceso de beatificación de Vicente Ferrer se dice en numerosas ocasiones que predicaba en catalán o valenciano [in sua vulgare idiomate Catalonie seu Valentino], e incluso, algunos testigos declararon que la lengua materna del futuro santo, nacido en Valencia, era el catalán (ydioma cathalonicum).
[20] «Los textos de la época ratifican un hecho incontrovertible, demostrado hasta la saciedad: la idea de que la lengua hablada por catalanes y valencianos era una sola, independientemente del nombre que se utilizara para referirse a ella... Gaspar Escolano afirmó sin tapujos: "... con ser la mesma que la Catalana..."», concluye Agustín Rubio Vela.
Ya no queda en Valencia ningún aristócrata de talla que cultive literariamente el valenciano.