Esto convirtió el lugar en el emplazamiento ideal para situar mercados al aire libre, y lo convirtió en un punto importante de la vida de la ciudad.
A diferencia del plan Cerdá, el Plan Rovira de 1859, el preferido por el Ayuntamiento y la burguesía de la ciudad, sí que preveía una gran plaza en este punto.
En 1862 el Ayuntamiento pidió que se comenzase urbanizar como plaza, pero el permiso oficial no fue concedido hasta el año 1889, con motivo de la Exposición Universal de 1888, cuando se convocó un concurso que ganó Pedro Falqués.
En 2008 se hicieron unas obras de remodelación del pavimento que rodea la plaza, del mosaico que alberga en el centro y mejora de los accesos añadiendo rampas.
Hasta la guerra civil de 1936-1939, sus cafés y restaurantes (la Maison Dorée, el Colón, la Lluna, el Suís) fueron centro de muchas tertulias literarias y políticas ciudadanas.
Al gran espacio central de la plaza tienen lugar de manera habitual conciertos y celebraciones ciudadanas o eventos como exposiciones temporales y certámenes como la Semana del Libro en Catalán.