Sin embargo, su padre alentó su vena artística, animándole en sus dibujos a captar diversas perspectivas de la realidad, como las efectuadas en negativo o reverso, ejercicios que estimulan la imaginación y la creatividad.
[5] A los catorce años entró como aprendiz en el taller de un dorador, donde tuvo su primer contacto con los procesos artesanales.
[7] En 1948 realizó su primera exposición individual en la Casa del Libro de Barcelona, presentando diez esculturas y seis dibujos.
Invitado por el artista belga Luc Peire, se instaló un tiempo en Bélgica (1954-1956), donde comenzó su fama internacional, al recibir numerosos encargos del coleccionista Rémy Vanhoidsenhoven.
El arte debe ser para todos y, por lo tanto, lo mejor es que esté emplazado en espacios públicos».
[15] A esta obra siguió tres años más tarde Evocación marinera, situada en el barrio de La Barceloneta, que en su día causó cierta polémica por sus formas abstractas —que no tuvo la obra anterior por hallarse en la periferia de la ciudad—.
Desde entonces ha recibido innumerables distinciones, entre las que se cuenta la consideración de «Artista catalán vivo más importante del siglo XX», según una encuesta popular realizada en 1997 por el periódico La Vanguardia, Catalunya Ràdio y Enciclopèdia Catalana.
Sin embargo, en 2011 esta entidad anunció que no podía hacer frente al coste de dicha inversión debido a la crisis económica.
[30] Recibe en esta época la influencia de escultores como Leandre Cristòfol, Ángel Ferrant o Eudald Serra, que antes de la Guerra Civil se habían adentrado en el terreno del vanguardismo, proceso que se vio truncado con la contienda.
[31] Ejemplos de esta etapa serían Piedad (1951), Maternidad (1952), Europa (1953), Yerma (1953), La familia (1953), Mujer delante del mar (1953), Moisés (1953), Maniquí-ídolo (1954), Desesperación (1954) o Las parcas (1954).
[35] En ese momento recibió la influencia de escultores vanguardistas como Julio González o Pablo Gargallo.
La figura humana está tratada de una forma arquitectónica, integrada en el espacio que la envuelve, generalmente en relieve, no en bulto redondo, en vaciados o en juegos positivo-negativo, siendo figuras impersonales, sin facciones remarcables, mostrando en ocasiones los órganos sexuales.
[53] Uno de sus temas preferidos en esta etapa sigue siendo la figura femenina, cuya fisonomía responde por lo general a un canon algo manierista (Maternidad, 1979; La esfinge, 1980; Dafne 81, 1981; Europa, 1984).
En los años 1980 y 1990 continuó en la misma línea: El laberinto (1988), Disfrutar Gaudí (1988), Cerebral (1997), Dánae (1998), Clásica (1998).
Desde 2004 se dedicó más preferentemente a la pintura, variando la técnica, que suele ser pintura acrílica: Dédalo (2004), Tercer milenio (2004), Imhotep (2005), Melancolía (2005), Memoria del 66 (2006), Ocho escalones II (2007), La guerra de los mundos (2008), Las glorias (2009).
Schetsen + Sculpturen (1974), Subirachs, obra gràfica (1975), Record del Saló d'Octubre (1975), Subirachs esculturas, dibujos y obra gráfica (1981), 5ª Semana del cava (1986), 135a Feria de la Candelera (1986), XIe Congrès Internationel des Néo-Hellénistes Francophones (1987), Fifth Conference of the European Society for Engineering and Medicine (1998), XVIII Semana del Cava (1999), Vuelta ciclista España 2000 (2000), XVII Congrés d'Història de la Corona d'Aragó.
[67] También ha destacado siempre tres cualidades fundamentales que debe tener todo artista: contemporaneidad, intencionalidad y creatividad.
Para este templo realizó la monumental fachada con las figuras de los Apóstoles, así como cuatro puertas, un altar en la explanada exterior y diversos elementos del interior, como el sagrario, crucifijos, candelabros, ambones, lámparas y la pila bautismal.
Esta obra marcó la culminación de la etapa expresionista del escultor, que posteriormente se enmarcó en una más pura abstracción.
En la base aparece la inscripción Sant Miquel, junto a la frase «quien como Dios» escrita en varios idiomas.
La intervención de Subirachs se centró en un conjunto de altar, sagrario y retablo realizado en hormigón, sobrio y adusto, donde solo aparecen un fémur (símbolo de la muerte) en el frontal del altar y la figura en negativo de Cristo en el retablo, del que solo se perciben el rostro, las manos y los pies, así como las llagas que recibió en el Calvario, que son unas simples incisiones en el hormigón; esta figura está iluminada con un potente foco de luz que contrasta con la tiniebla circundante, creando un potente efecto expresivo.
El conjunto presenta dos relieves, realizados en travertino y con unas medidas de 2,25 x 2,10 metros.
[91] Sin embargo, con el tiempo parte del público barcelonés ha llegado a aceptar esta obra, que pese a todo no rompe con el espíritu que Gaudí había pensado para esta fachada: Dedicada a la Pasión de Jesús, esta fachada pretende reflejar el sufrimiento de Cristo en su crucifixión, como redención de los pecados del hombre.
En ese sentido, Subirachs ideó un conjunto simple y esquemático, con formas angulosas que provocan un mayor efecto dramático.
El pórtico central —de la Caridad— tiene dos puertas dedicadas al Evangelio, con los textos evangélicos que narran los últimos días de Jesús, separadas por un parteluz con las letras griegas alfa y omega, como símbolo del principio y el fin.
[97] Frente a las Puertas del Evangelio se sitúa la columna de La Flagelación, que sustituye la cruz inicialmente prevista por Gaudí; por ello, Subirachs dividió la columna en cuatro bloques, simbolizando las cuatro partes de la cruz.
En la parte inferior se encuentra un poliedro procedente del grabado La Melancolía de Alberto Durero.
En otra escena, Jesús es conducido ante Herodes y Pilato, que aparecen enfrentados de forma simétrica, como vistos en un espejo.
La obra ya está finalizada, y solo falta colocarla en su lugar correspondiente cuando finalicen las obras del frontón.
[101] Subirachs realizó también las figuras de los cuatro apóstoles a quienes están dedicadas las torres correspondientes a la fachada de la Pasión: Santiago el Menor, Santo Tomás, San Felipe y San Bartolomé.