En idioma inglés, se emplea el término diathermancy con el mismo significado que aquí se desarrolla y diathermanous (diatérmano) a aquellos cuerpos que son transparentes a las radiciones térmicas, es decir, que se dejan atravesar directamente por los rayos solares (espectro visible) sin calentarse.
Los principales estudios sobre la diatermancia se deben a Heinrich Magnus, químico y físico alemán del siglo XIX.
A su vez, esta capa inferior del aire en contacto con el suelo caliente genera un cambio significativo de su densidad, por lo que actúa como una especie de espejo, produciendo el fenómeno conocido como espejismo en un desierto o en una carretera durante el verano (el pavimento aparece como mojado) o la especie de reverberación luminosa que puede verse en las superficies muy calientes, como sucede con los techos de los automóviles expuestos al sol del mediodía: puede verse la deformación de los rayos luminosos al atravesar el aire más caliente que tiene menor densidad.
La atmósfera no es, a pesar de lo que aquí se ha señalado, una mezcla de gases perfectamente diatérmana, es decir, gases que no se calientan al ser atravesados por los rayos solares.
Esta alta presión en altura (anticiclón) siempre acompaña todas las depresiones barométricas en la superficie.
Esta especie de simbiosis entre los anticiclones y los ciclones o depresiones barométricas explican la mayor o menor duración de las tormentas ciclónicas, tornados, huracanes y otros procesos meteorológicos.
Los principales son los alisios, desde las zonas subtropicales hasta el cinturón ecuatorial de bajas presiones, es decir, del noreste al suroeste y los vientos del oeste, desde las zonas subtropicales hacia el llamado frente polar, ubicado aproximadamente en las zonas atravesadas por los círculos polares y desplazándose aproximadamente del suroeste al noreste.
Los rayos infrarrojos calientan directamente la capa superior del agua y disminuyen sus efectos rápidamente al aumentar la profundidad.
Como la masa del agua oceánica es muy superior a la de la atmósfera es lógico suponer que los océanos son los responsables del mayor flujo de calor entre la zona intertropical y las templadas o polares.
Lo que sucede es que resulta difícil diferenciar cuantitativamente cuál es el calor absorbido directamente por la atmósfera a través de la insolación (casi insignificante por lo demás y que depende del polvo y moléculas de agua en forma de vapor o en suspensión) y a través del calor reflejado por los continentes, para así compararlo con el que absorbe la atmósfera del propio océano.
Por otra parte, la circulación de los vientos constantes coincide a grandes rasgos con la de las corrientes oceánicas, lo que podría enmascarar la influencia mutua entre la parte líquida y la gaseosa en la superficie terrestre.
Dicho en otras palabras: las aguas del fondo oceánico acompañan a la parte sólida de la litósfera en el movimiento de rotación, prácticamente sin ningún desplazamiento por inercia debido a la enorme presión que soportan.
Sin embargo, no existe tal contradicción, como se ha señalado en el artículo sobre la cuenca del Orinoco.
En cambio, las nubes se forman en los lugares donde hay convección aunque sea casi imperceptible.
Se trata de la página Earth Observatory en donde se analizan y comentan imágenes obtenidas por algún satélite meteorológico (como MODIS o AQUA) o por otros tipos de sensores remotos.
[6] La cita anterior solo se puede referir al efecto Föhn en las laderas de sotavento, cuando una masa de aire húmedo que previamente había subido por la ladera de barlovento de una cordillera y se condensa formando nubes y lluvias denominadas orográficas, desciende por el otro lado cuando ya ha dejado su humedad, por lo que se calienta mucho, pero como es un aire seco, produce un efecto secante y, desde luego, no presenta nubes.
Sin embargo, al presentarse este fenómeno en la selva amazónica, donde no hay relieves que puedan producir el efecto föhn, se debe interpretar como aquí se ha explicado previamente, es decir, que los rayos solares calientan primero la parte terrestre y mucho después, las aguas fluviales y el suelo mojado.
Curiosamente, este término es de origen español, adoptado en Venezuela desde la época colonial.
Los datos de daños y víctimas por las lluvias e inundaciones en Venezuela durante dicho mes fueron incalculables, aunque no por razones del cambio climático o del calentamiento global, como quiere hacerse ver por razones políticas (estas son dos razones políticamente correctas aunque científicamente incorrectas), sino por problemas derivados (además de que las lluvias fueron muy intensas durante dicho mes) de algunas deficiencias en materia de infraestructura.
Sin embargo, esos efectos, unidos a los de otras tormentas, en especial, los del huracán Sandy cuando todavía no había sido catalogado como tormenta tropical, han convertido al mes de octubre en el más lluvioso del año 2012 y uno de los más lluviosos en Venezuela en mucho tiempo ([9]).
En esas dos semanas, centenares de viviendas quedaron destruidas, pueblos enteros inundados o aislados, carreteras interrumpidas, miles de personas desalojadas o damnificadas y cuantiosos daños en todo el país, muy superiores a los efectos del huracán en los lugares donde afectó directamente aunque es justo reconocer que los efectos en Venezuela se deben más a problemas de infraestructura y de otro tipo, que son en su mayor parte, ajenos a la meteorología.
Ello se debía, naturalmente, a que el agua líquida emite calor al encontrarse por encima de los 0 °C, mientras que el aire puede encontrarse a varios grados bajo cero, al mismo tiempo.
El resultado es que la absorción de calor por parte del aire a través de la evaporación y posterior condensación regula la temperatura evitando o limitando esas heladas nocturnas: no es sino una aplicación del principio de la diatermancia que se contrapone entre el agua y el suelo sobre la superficie terrestre.
En cambio, el riego por goteo en las áreas melocotoneras puede haber contribuido al aumento de las tormentas con granizo.
En un artículo acerca de cómo afectan las heladas a las naranjas se señala que cuando los naranjos se encuentran próximos a un río (se refieren indirectamente al Júcar) disminuye el riesgo de heladas nocturnas por el calor difundido por el agua a través de la evaporación nocturna: