Atmósfera terrestre

La atmósfera terrestre es la parte gaseosa de la Tierra, siendo por esto la capa más externa y menos densa del planeta.

Está constituida por varios gases que varían en cantidad según la presión a diversas alturas.

La atmósfera y la hidrosfera constituyen el sistema de capas fluidas superficiales del planeta, cuyos movimientos dinámicos están estrechamente relacionados.

Además, actúa como escudo protector contra los meteoritos, los cuales se desintegran en polvo a causa de la fricción que sufren al hacer contacto con el aire.

En la atmósfera terrestre se pueden distinguir dos regiones con distinta composición, la homosfera y la heterosfera.

La variación con la altura de la presión atmosférica con el conocimiento que se tiene del magnetismo o de la densidad atmosférica es lo que se conoce como ley barométrica.

aplicada a la superficie de la Tierra resulta una densidad del aire

A medida que se sube, la temperatura en la estratosfera aumenta.

Este aumento de la temperatura se debe a que los rayos ultravioleta transforman al oxígeno en ozono, proceso que involucra calor: al ionizarse el aire, se convierte en un buen conductor de la electricidad y, por ende, del calor.

Sin embargo, se trata de una capa muy enrarecida, muy tenue.

La baja densidad del aire en la mesosfera determina la formación de turbulencias y ondas atmosféricas que actúan a escalas espaciales y temporales muy grandes.

A esta altura, el aire es muy tenue y la temperatura cambia con la mayor o menor radiación solar tanto durante el día como a lo largo del año.

Si el sol está activo, las temperaturas en la termosfera pueden llegar a 1500 °C e incluso más altas.

En razón de la baja atracción gravitatoria algunas pueden llegar a escapar al espacio interplanetario.

Como su nombre indica, es la región atmosférica más distante de la superficie terrestre.

Su límite superior está en altitudes que alcanzan los 1000 e incluso 10000 km, siendo relativamente indefinida.

Es la región de la atmósfera donde se concentra la mayor parte del ozono.

Esta capa protege a la Tierra de la radiación ultravioleta del Sol.

Es la región exterior a la Tierra donde el campo magnético, generado por el núcleo terrestre, actúa como protector de los vientos solares.

La atmósfera funciona como un escudo protector contra los impactos de enorme energía que pueden provocar los pequeños objetos espaciales al colisionar a altísima velocidad contra la superficie del planeta.

Si un cuerpo comienza a caer atravesando la atmósfera, se va acelerando hasta que su peso es igual a la fuerza de fricción que se produce por el desplazamiento dentro del aire.

En ese momento deja de acelerar, y su velocidad comienza a decrecer a medida que la atmósfera aumenta su densidad, provocando una fuerza de fricción mayor.

La actividad del hombre está modificando su composición, como el aumento del dióxido de carbono o el metano, causando el efecto invernadero o el óxido de nitrógeno, causando la lluvia ácida.

Sin ese filtro, la vida fuera de la protección del agua no sería posible.

[3]​ Gracias a la atmósfera, la Tierra no tiene grandes contrastes térmicos; debido al efecto invernadero natural, que está producido por todos los componentes gaseosos del aire, que absorben gran parte de la radiación infrarroja re-emitida por la superficie terrestre; este calor queda retenido en la atmósfera en vez de perderse en el espacio gracias a dos características físicas del aire: su compresibilidad, que comprime el aire en contacto con la superficie terrestre por el propio peso de la atmósfera lo que, a su vez, determina la mayor absorción de calor del aire sometido a mayor presión y la diatermancia, que significa que la atmósfera deja pasar a la radiación solar casi sin calentarse (la absorción directa de calor procedente de los rayos solares es muy escasa), mientras que absorbe gran cantidad del calor oscuro ([4]​) reenviado por la superficie terrestre y, sobre todo, acuática de nuestro planeta.

Este efecto invernadero tiene un papel clave en las suaves temperaturas medias del planeta.

Así, teniendo en cuenta la constante solar (calorías que llegan a la superficie de la Tierra por centímetro cuadrado y por minuto), la temperatura media del planeta sería de -27 °C, incompatible con la vida tal y como la conocemos; en cambio, su valor real es de unos 15 °C debido precisamente al efecto invernadero.

Por ejemplo, la formación del ozono (O3) en la capa denominada precisamente, ozonosfera, absorbe la mayor parte de la radiación ultravioleta recibida del sol pero cede esa energía al volverse a transformar durante la noche en oxígeno (O2).

La característica composición del aire permite que las longitudes de onda azules sean más visibles que las de otros colores, lo cual da un color azulado a la atmósfera terrestre desde el espacio. En el trasfondo se puede apreciar la Luna ligeramente distorsionada por el aire.
Comprende la atmósfera terrestre de un vistazo.
Capas de la atmósfera terrestre
La luz azul se dispersa más de otras longitudes de onda por los gases en la atmósfera, dando a la Tierra un halo azul cuando se ve desde el espacio.
La tormenta geomagnética causa magnífico espectáculo de Aurora a través de la atmósfera.
Vista del Limbo de la atmósfera terrestre. Los colores denotan más o menos las capas de la atmósfera.
Esta imagen muestra la luna en el centro, con la extremidad de la Tierra cerca de la parte inferior la transición a la troposfera de color naranja. La troposfera termina abruptamente en la tropopausa, que aparece en la imagen como la fuerte límite entre la atmósfera naranja y azul de color. Las nubes noctilucentes -plateadas azules se extienden muy por encima de la troposfera de la Tierra.
La atmósfera de la Tierra iluminada por el Sol en un Eclipse observada desde el espacio profundo a bordo del Apolo 12 en 1969.
Un tifón visto desde la órbita baja de la Tierra.