La alfarería en Vizcaya (España) comparte las características comunes a la cacharrería del País Vasco, como el vidriado con barniz blanco conseguido por la calcinación de estaño, plomo y arena,[a] y la producción de piezas típicas como la jarra para txacolí, la pedarra, original cántaro con forma de tetera, y las pipas de barro.
[6] Diversos manuales recogen actividad alfarera, ya desaparecida, en las primitivas merindades de Orduña (citada por Madoz), Amorebieta, Durango,[b] Carranza, Lumo, Munguía, Alonsótegui y Apata-monasterio, donde Natacha Seseña documenta la ollería de Ramón Larringan entre 1940 y 1969.
[6][9] Además de una importante producción de platos con paisajes o vistas, fueron muy populares las escribanías, teteras y cafeteras, soperas, tazas, jaboneras, jarras y aguamaniles.
En el mismo periodo central del siglo XIX, mencionada y descrita por Sebastián Miñano y Pascual Madoz en sus diccionarios,[7][c] la Casa de Misericordia de Bilbao, en la capital vizcaína, fabricó loza ordinaria de excelente calidad y muy popular.
Seseña anota que los Heppe fabricaron también juguetes, palomas de engaño y loza ordinaria.