[1] Esta condena de la esclavitud ha sido recordada numerosas veces por los papas; atendieron, en cada ocasión, a las circunstancias que concurrían en ese momento.
Así los papas Gregorio XIV (Cum sicuti, 1591), Urbano VIII (Commissum Nobis, 1639), Benedicto XIV (Immensa pastorum, 1741) y Gregorio XVI (In supremo, 1839) repetirán la prohibición de reducir a los indígenas a la esclavitud.
[7] La bula se introduce con un primer párrafo que destaca el amor de Dios por la raza humana
Tras desarrollar esta idea se refiere al mandato de Jesucristo, que es la verdad misma, a predicar el evangelio a todas las gentes; apoyado en este hecho Pablo III declara la libertad de que han de gozar también los que no han conocido aún el evangelio.
En algunas copias de la bula,[8] faltan las primeras frases, de modo que comienza con la expresión "la verdad misma"[9], esto hace que la bula se conoce con dos nombres.