La gravedad del trastorno está en relación directa con la velocidad de ascenso y la altitud alcanzada.
De manera inversa estos síntomas normalmente desaparecen al descender a cotas más bajas.
La cantidad de oxígeno disponible para sostener la atención mental y psicológica disminuye conforme la altitud aumenta.
En la mayoría de los casos, los síntomas son temporales y usualmente se reducen conforme la aclimatación a la altura ocurre.
El estado de forma o la preparación física, por excelentes que estos sean, no previenen el MAM en absoluto.