Matanza de Jilava

[3]​ A pesar de la versión oficial, que atribuyó las muertes a la indignación legionaria por el hallazgo del cadáver del fundador de su organización, en realidad los asesinatos formaban parte de un plan para eliminar a aquellos que se habían destacado tanto en la dictadura real como en los Gobiernos democráticos anteriores mediante una purga radical.

[3]​ La misma noche, otros legionarios asesinaron a once judíos en Ploiești.

[9]​[2]​[10]​[1]​ Este los trasladó al ministerio para protegerlos; allí sufrieron un segundo e infructuoso intento de asesinato esa misma noche.

[2]​ Las matanzas disgustaron no solo a Antonescu —que, sin embargo, no mostró pena alguna por los asesinados—[11]​ y supusieron el momento de más tensión en la coalición con los legionarios,[9]​[2]​ sino también a Hitler[nota 4]​ que, para entonces, otorgaba gran importancia al orden interno rumano.

[13]​ No solamente el país debía participar en la futura campaña contra la Unión Soviética, sino que, desde el fracaso italiano ante Grecia, Rumanía se había convertido en camino necesario de la ofensiva alemana contra esta para asegurar los Balcanes de posibles incursiones británicas.

[17]​[nota 5]​ Antonescu ordenó más tarde una larga investigación que se prolongó cuatro meses[8]​ y cuyos resultados se publicaron poco después de la entrada en guerra del país en el verano de 1941.

Interior de la cárcel de Jilava, donde tuvo lugar la matanza la noche del 26 de noviembre de 1941.
Multitudinario entierro de Corneliu Zelea Codreanu el 30 de noviembre de 1940.
Antonescu y Sima en el entierro de Codreanu el 30 de noviembre de 1940. Las matanzas de los días anteriores habían tensado extraordinariamente las relaciones entre ellos, que desembocaron en el enfrentamiento de enero que puso fin a la coalición de gobierno.