Historia del feminismo

Estas olas no son iguales en todo el mundo por ejemplo en los países árabes donde si existe un sistema patriarcal y las mujeres están sometidas a al hombre y dónde la lucha"feminista" no llega ni de cola, ni tienen un consenso unánime entre los estudiosos, puesto que las luchas se mantienen entre periodos y aparecen movimientos que son la evolución de asociaciones anteriores, que no se consideran superados.

Así, por ejemplo, la lucha política que inició el movimiento formal del feminismo continúa vigente.

[1]​ Usualmente se agrupan con el nombre de protofeminismo todos aquellos escritos o manifestaciones sobre la igualdad entre mujeres y hombres, o sobre la denuncia de la subordinación femenina, que son anteriores a la aparición del feminismo como teoría independiente.

En estos debates surgieron muchas de las ideas relacionadas con el feminismo que la Ilustración difundiría en décadas posteriores.

Otros escritores importantes como Abigail Adams, Catharine Macaulay[8] o Hedvig Charlotta Nordenflycht también expresaron puntos de vista feministas.

En Europa se consolida una conciencia común en las mujeres, sin importar su nacionalidad, de la condición que implicaba ser mujer.

Es decir, había surgido una categoría de diferenciación dentro del movimiento exclusivamente referido a la clase social.

Pero la guerra mundial corta con el servicio de Emmeline, y su hija Sylvia Pankhurst se aparta para unirse al socialismo obrero y seguir luchando fiel a los principios socialistas de la unión.

Sus actividades iban centradas en recorrer los barrios obreros para organizar a las mujeres trabajadoras y luchar por sus demandas.

Y todos los esfuerzos del feminismo social, que incluían la educación para las mujeres, la protección laboral junto con el derecho al voto e igualdad, se vieron parcialmente derrotados por los eventos que siguieron durante la Primera Guerra Mundial.

[15]​ Durante este período, las mujeres de todos los países que participaron en la guerra se incorporaron masivamente a la producción.

En toda Europa se registró un ingreso significativo de mujeres en fábricas, empresas y oficinas estatales.

Aunque este acceso al mundo laboral fue inédito, las condiciones que se desempeñaron resultaron sumamente precarias.

Por otro lado, las condiciones de vida empeoraron debido a la inflación, la escasez y la miseria.

En esta conferencia participaron 70 delegadas provenientes de Alemania, Francia, Inglaterra, Holanda, Rusia, Italia y Suiza.

Uniéndose a otros países de Europa donde el voto femenino ya había sido aceptado, como en Finlandia, Noruega (previo a los eventos de 1914) y en países como Alemania y Rusia entre otros.

La vía para resolver esta injusticia tiene que incluir -según la escritora- tanto los hombres como las mujeres, si se quiere asumir la plena igualdad.

Los dos saldrían ganando si se dejara que las mujeres desarrollaran todo su potencial,[22]​ ayudando el país a progresar.

Dentro de esta lucha tomó un protagonismo creciente la sexualidad, que, según Kate Millett, era una cuestión no solamente privada sino también política.

En un polémico ensayo basado en su tesis doctoral, Sexual Politics, argumentaba que tanto en la ficción como en la realidad, el sexo estaba analizado únicamente desde un prisma androcéntrico, y ponía ejemplos de los principales escritores y pensadores de diferentes épocas.

Millett defendía una revolución sexual que influyera en la agenda pública y liberara la mujer de la sumisión también en esta esfera.

Esta mujer ideal -construida socialmente- se basa en gran medida en una belleza inexistente que causa malestar entre el sector femenino.

Existían diversos puntos de debate, entre ellos la violación, la pornografía y la prostitución como asuntos más polémicos.

La aspereza del tono usado en algunos escritos llevó a tildar el debate como "feminist sex wars" en los Estados Unidos de América.

Por esto lo que predomina es la variedad de propuestas y acercamientos, tanto teóricos como militantes.

Los valores femeninos cobraban más sentido en un mundo donde había que atender a las emociones para el bienestar personal, tal y como defiende Carol Gilligan, quien afirma que existe una ética femenina, basada en la cura a los otros, diferenciada de una ética masculina, donde el concepto clave es la justicia o la imparcialidad.

La identidad está formada por múltiples capas y todas ellas afectan a la visión del feminismo.

Una cuestión como el velo islámico puede verse de diferente manera por las mujeres europeas que por las de África del norte y otros temas, como la poligamia, están ausentes del debate feminista occidental hegemónico mientras que ocupan un lugar central en determinados países.

La ONU, que ha incorporado la igualdad entre géneros como un objetivo esencial para el desarrollo, ha subrayado estas diferencias culturales en sus conferencias internacionales.

En un marco postcolonial, la identidad es siempre híbrida o múltiple, tal y como afirma Homi K. Bhabha.

Ilustración de Christine de Pisan
"Las tejedoras" en 1793, poco después se prohibirían en Francia todas las asociaciones políticas de mujeres
Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo en 1910
Betty Friedan el 1960