El hechizo es un acto mágico que pretende producir efectos sobre la realidad mediante procedimientos sobrenaturales, como el uso de conjuros.
Cuando el objetivo del hechizo es adivinar el futuro se denomina sortilegio, y cuando busca someter la voluntad de otra persona u objeto o influir en ellos, encantamiento, maldición (si es con mala voluntad) o bendición (si es para protección).
A propósito de estos últimos, así aparece un ejemplo en el Malleus maleficarum: Tales actos se han tomado desde entonces como relativos al engaño, en primera instancia por parte del diablo y sus séquitos.
[4] Ya en siglo XX y respecto al ámbito anterior, distintos colectivos feministas han usado los símbolos y prácticas relacionadas con la brujería para reivindicar la posición de aquellas mujeres que han sido acusadas, entre otras cosas, de brujas.
Típicamente, el hechizo consiste en una representación simbólica del efecto que se pretende conseguir bajo la invocación de una deidad.
Si por el contrario la sociedad considera inocuos sus objetivos y medios, es calificado como de magia blanca.
En la actualidad, numerosas religiones neopaganas como la Wicca han recuperado la utilización de los hechizos y los reivindican.
eran los conjuros o contraseñas utilizados para abrir y cerrar el portón de la caverna del tesoro.