Se preparan artesanalmente en el medio rural, siendo una tradición culinaria que pasa de una generación a otra.
En algunos lugares incluyen un relleno, que puede ser frijoles, queso, picadillo, rajas, chicharrón, nopales, entre otros.
Se añaden así mismo la manteca de cerdo y el azúcar o piloncillo, según el gusto.
Ocasionalmente se les dan otras formas, como figuritas aludiendo a los difuntos del día de muertos.
Aunque en la actualidad también se utilizan hornos eléctricos o estufas de gas, estos hacen que el producto pierda calidad.