[3] Se manifiesta en varios comportamientos humanos positivos, como ser afable (de trato agradable, dulce, suave),[4] complaciente y afectuoso.
[5] Las personas amables (es decir, dignas de ser amadas) son percibidas como generosas, solidarias, cooperativas, atentas y consideradas.
[8] Lo opuesto de ser o hacerse amable es ser o hacerse odioso, manifestándose tal cosa en los comportamientos negativos opuestos (ser egoísta, irrespetuoso, descortés, grosero, ofensivo, huraño, asocial, misántropo, antipático).
La amabilidad aparece en varias teorías de la personalidad como un rasgo o factor esencial.
En La gran moral (libro primero, capítulo XXVIII) Aristóteles dedica un pasaje a la amabilidad, identificándola con el buen humor como equilibrio entre extremos: