Las primeras evidencias arqueológicas del uso de los barcos se remontan a 50.000 o 60.000 años atrás en Nueva Guinea.
En la Edad Media, la navegación sufrió un retroceso que no se recuperó hasta el siglo XV cuando nuevos barcos (Urca) y la reactivación de las rutas comerciales marítimas impulsó de nuevo el viaje por mar.
Se dan dos técnicas: las maderas superpuestas a partir de la quilla, sin cuadernas (al estilo de los drakkar vikingos) o las maderas unidas y calafateadas sobre quilla y cuadernas.
En el siglo XV, el cáñamo era esencial para la navegación europea, especialmente para la fabricación de velas y cabos.
La supremacía de Holanda como potencia naval se basaba en gran medida en su liderazgo en la industria del cáñamo.
Las balsas primitivas debieron de ser muy parecidas a los actuales, todavía construidos por varios grupos humanos.
Las canoas monóxilas o cayucos se consideran las embarcaciones más antiguas usadas por los humanos.
Según Heródoto, a Babilonia llegaban coracles que podían cargar 5000 talentos (unas 150 toneladas).
[3] Los odres hinchados o parcialmente llenos de paja fueron embarcaciones documentadas desde tiempos remotos.