Durante los siglos XIX y XX, representó una especie de contrapeso al poder centralizado en Lima, fungiendo como una «segunda capital».
Sobre las otras versiones, sostiene: La leyenda más ampliamente conocida describe que el inca Mayta Cápac permitió a sus súbditos asentarse en el valle del Chili al decirles «Ari qipay» o «Are quepay» (en quechua: «Sí, quedaos»).
En reacción, Inca Yupanqui asumió el liderazgo, tomando el título de Pachacutec, y tras vencer a los Chancas, consolidó el dominio en diversas regiones, incluyendo el valle del Chili.
Dirigida por Evaristo Tadeo Gómez Sánchez, la Academia no solo fue un bastión de pensamiento libre, sino que también introdujo la primera imprenta del departamento.
Destacados arequipeños como Domingo Tristán, Benito Lazo y Gualberto Valdivia se manifestaron abiertamente en contra de la constitución vitalicia bolivariana.
[80] Este reajuste económico favoreció que Arequipa se estableciera como un núcleo vibrante de clases medias, artesanos y profesionales hacia el inicio del siglo XX.
Esta legislación jugó un papel crucial en el impulso de la manufactura regional, convirtiéndose en una herramienta esencial para dinamizar y fortalecer la economía local.
[89] En tiempos recientes, la ciudad ha abordado desafíos socioambientales, como la gestión del agua y la planificación urbana, con una creciente participación ciudadana.
Aunque se han logrado avances, la descontaminación del río sigue siendo un proceso en desarrollo, con la necesidad de una gestión sostenible y educación ambiental.
[94] Arequipa, durante el periodo virreinal no tuvo nunca un estatus oficial importante, pero en cambio se impuso por su sobresaliente papel económico.
Sobre este aspecto fue precisamente el historiador Jorge Basadre quien expone la clara representatividad de Arequipa definiendo el rumbo político del país durante la era republicana.
Los abogados y la iglesia proyectaron una fuerte influencia en la política arequipeña, así como también la clase media que obtuvo mayor participación al declinada la prosperidad económica en el sur del país.
[111] Esta decisión tuvo sus raíces en el proyecto descentralista propuesto por Manuel Seoane Corrales,[112][113] aspirante a la primera vicepresidencia, quien originalmente propuso que Arequipa albergara la «Corte Superior de Justicia».
[145] Durante la segunda mitad del XX, se observó un marcado crecimiento poblacional impulsado, en parte, por las obras realizadas en Arequipa en la década de 1940.
[136] La plaza fundacional, ubicada a tres cuadras del río y con una posición excéntrica en el damero, se estableció según los patrones hispánicos como el centro focal de la ciudad.
[167] Esta diversificación se logró en gran medida gracias a la creación del Parque Industrial durante el primer gobierno de Fernando Belaúnde Terry.
En este polígono industrial, también se encuentran empresas dedicadas a la industria química, plásticos, minerales no metálicos, papelería e imprenta, entre otros.
La ciudad se ha convertido en un punto clave de cambio e intermediación en la región sur andina, sirviendo como puente entre la costa y la sierra.
A diferencia de otras urbes peruanas, que se perciben con una mezcla cosmopolita y amerindia, Arequipa ha sido descrita como una «gran isla española».
Además, destaca la frase del historiador Jorge Basadre: «Arequipa es la pistola que apunta al corazón de Lima», reflejando el histórico antagonismo entre ambas ciudades.
[198][199] El sillar, una piedra volcánica blanca o excepcionalmente rosada, ha tenido un papel fundamental en la arquitectura de Arequipa desde su uso por las culturas preincaicas hasta la actualidad.
Inicialmente, esta piedra volcánica blanca o rosada no se aprovechó plenamente, excepto para las fachadas de la iglesia mayor y algunas viviendas.
Este sitio histórico fue testigo de un acontecimiento trascendental: en 1879, aquí se firmó el acuerdo para la entrada pacífica del ejército chileno a Arequipa.
Cabe destacar que en ese momento, la electricidad en Arequipa solo estaba disponible durante cuatro horas al día, principalmente en la zona central de la ciudad.
Estas líneas no solo facilitaron el movimiento de mercancías, sino que también proporcionaron una ruta esencial para los viajeros, promoviendo el turismo y la integración cultural entre las regiones.
[239] En la década de 1990 las instituciones bancarias mostraron gran interés en promover y gestionar actividades culturales; las empresas privadas, por su parte, se sumaron a este movimiento auspiciando diversos proyectos.
Pioneros como Carlos Baca Flor, Enrique Masías y Jorge Vinatea Reynoso señalaron el inicio de una era que, finalmente, abrazaría el arte contemporáneo.
[254] Durante el virreinato, Arequipa vio emerger a escritores conocidos como «peruleros», quienes mezclaban influencias europeas con la realidad peruana.
Juan Domingo de Zamácola y Jáuregui se destaca como cronista en la previa a la independencia, narrando tradiciones e historias arequipeñas.
El grupo literario «Aquelarre», liderado por Percy Gibson Moller, marcó un hito en la literatura de Arequipa, introduciendo estilos vanguardistas y una lírica evolucionada.