Cuento

Un cuento (del latín compŭtus, ‘cuenta’)[1]​ es una narración breve creada por uno o varios autores, puede ser basada ya sea en hechos reales como ficticios, cuya trama es protagonizada por un grupo reducido de personajes y con un argumento relativamente sencillo.

Aunque puede ser escrito en verso, total o parcialmente, de forma general se da en prosa.

A los mencionados obviamente también pueden agregarse las parábolas cristianas: El buen samaritano; El hijo pródigo; La higuera estéril;[14]​ El sembrador; entre otras.

La segunda fase escrita comenzó alrededor del siglo XIV, cuando surgieron las primeras preocupaciones estéticas.

En el siglo XVIII el maestro fue Voltaire (1694-1778), quien escribió obras importantes como por ejemplo Zadig[16]​ y Cándido.

[17]​ Llegando al siglo XIX, el cuento despegó con apoyo de la prensa escrita, entonces tomando aún más fuerza y modernizándose.

Los hermanos Grimm (Jacob 1785-1863, y Wilhelm 1786-1859) por su parte, publicaron Blancanieves, Rapunzel, El Gato con Botas, La bella durmiente, Pulgarcito, Caperucita Roja, etc. Nótese que los hermanos Grimm escribieron muchos cuentos que ya habían sido contados por Perrault, pero aun así, fueron tan importantes para este género literario, que André Jolles dijo al respecto: El siglo XIX fue pródigo en verdaderos maestros de la literatura: Nathaniel Hawthorne (1804-1864), Edgar Allan Poe (1809-1849), Henry Guy de Maupassant (1850-1893), Gustave Flaubert (1821-1880), Liev Nikoláievich Tolstói (1828-1910), Mary Shelley (1797-1851), Antón Chéjov (1860-1904), Machado de Assis (1839-1908), Arthur Conan Doyle (1859-1930), Honoré de Balzac (1799-1850), Henri Beyle "Stendhal" (1783-1842), José Maria Eça de Queirós (1845-1900) y Leopoldo Alas "Clarín" (1852-1901).

Destaca también José Cardoso Pires con obras como Jogos de Azar, 1963, y A República dos Corvos,1988.

Machado de Assis, Aluísio Azevedo, y Artur Azevedo, se destacan en el panorama brasileño del cuento, abriendo espacios para que unos años más tarde se afirmaran cuentistas como Monteiro Lobato, Clarice Lispector, Ruth Rocha, Lima Barreto, Otto Lara Resende, Lygia Fagundes Telles, José J. Veiga, Dalton Trevisan, y Rubem Fonseca.

Aun cuando se tienen tantas historias para contar, el cuento continúa siendo blanco de prejuicios, al punto que por ejemplo algunas editoriales en lengua portuguesa tienen como política no publicar nada en el género, y esto ciertamente no es una decisión caprichosa sino un asunto de mercado.

Así por tanto, en su inicio, el cuento logró impacto a través de la prensa escrita (siglo XIX y buena parte del siglo XX), aunque hoy día este espacio se está reduciendo frente a algunos cambios de hábitos.

Sea como fuere, la vía de la prensa escrita sin duda ha sido positiva para el cuento, aunque también es culpada por acentuar el preconcepto negativo en relación con el género.

Por este lado muy posiblemente es que hayan surgido ciertos preconceptos en contra de los cuentos…" (Nádia Battella Gotlib, op.

En esa misma línea, Poe, que también fue el primer teórico del género, dijo: Según ciertas definiciones, el cuento no debería ocupar más de 7500 palabras.

La citada obra, como sabemos, tiene más de 500 páginas, aunque claro, allí también es posible reconocer características propias del cuento.

En el siglo XX pueden incluirse entre los grandes escritores de cuentos a O. Henry, Anatole France, Virginia Woolf, Katherine Mansfield, Kafka, James Joyce, William Faulkner, Ernest Hemingway, Máximo Gorki, Mário de Andrade, Monteiro Lobato, Aníbal Machado, Alcântara Machado, Guimarães Rosa, Isaac Bashevis Singer, Nelson Rodrigues, Dalton Trevisan, Rubem Fonseca, Osman Lins, Clarice Lispector, Jorge Luis Borges, y Lima Barreto.

Otros nombres importantes del cuento en Brasil son: Julieta Godoy Ladeira, Otto Lara Resende, Manoel Lobato, Sérgio Sant’Anna, Moreira Campos, Ricardo Ramos, Edilberto Coutinho, Breno Accioly, Murilo Rubião, Moacyr Scliar, Péricles Prade, Guido Wilmar Sassi, Samuel Rawet, Domingos Pellegrini Jr, José J. Veiga, Luiz Vilela, Sergio Faraco, Victor Giudice, Lygia Fagundes Telles, Miguel Sanches Neto.

El microcuento tal vez más famoso,[36]​ es uno de Augusto Monterroso, autor guatemalteco, y cuyo título es El dinosaurio.

El final enigmático en el cuento prevaleció hasta Henry Guy de Maupassant (fin del siglo XIX) y por cierto hasta esa época ello era muy importante, pues aportaba un desenlace generalmente sorprendente, cerrando la obra con broche de oro, como entonces solía decirse.

Hoy en día este tipo de final tiene mucho menos importancia; algunos escritores y algunos críticos incluso opinan que esta característica es perfectamente superflua o dispensable, léase aún anacrónica.

Ricardo Piglia,[47]​ comentando algunos cuentos de Ernest Hemingway (1899-1961), afirma que lo más importante nunca se cuenta: El citado Piglia decía que había que contar una historia como si se estuviese contando otra, o sea, como si el escritor estuviera narrando una historia visible, pero disfrazando y escondiendo una historia secreta apenas insinuada o sospechada: Es como si el cuentista o el relator pegara en la mano del lector o le hiciera señas para darle a entender que lo llevaría para un lugar, para una encrucijada, aunque el personaje y la acción en el final de la historia, lo empujan hacia otro lugar.

Desde este punto de vista, la sorpresa se produce cuando, al final del relato, la historia secreta o escondida viene a la superficie.

Con posterioridad entra en acción otra fuerza, inversa, que restablece el equilibrio, aunque la estabilidad lograda en el desenlace, nunca es idéntica a la inicial si bien podría tener con ella cierta similitud (Gom Jabbar en Hardcore, basado en Tzvetan Todorov).

Los diálogos son un muy buen recurso para informar, incluso en el cuento en donde el ingrediente narrativo sin duda siempre es importante (Henry James, 1843-1916).

Caio Porfírio Carneiro por ejemplo, llega al punto de escribir cuentos solo compuestos por diálogos, y sin que, en ningún instante surja un narrador.

Considerado el mayor autor brasileño en el arte de escribir diálogos y un verdadero maestro, el escritor Luiz Vilela es inclusive quien escribió una novela corta, Entre amigos (1984), donde allí también solamente se expresa con diálogos y sin presencia de un narrador.

Imagen de la Bella durmiente de Charles Perrault
Imagen de Blancanieves