[1] El término orfebre procede del francés orfèvre [aurifaber ‘artífice’], y este a su vez tiene raíz latina en auri ‘oro’ y faber ‘arquitecto’, o bien del verbo latino facĕre ‘hacer, realizar’.
El martillado en frío proporcionaba láminas e hilos que podían adoptar formas diferentes.
Posteriormente, pero aún en una época temprana, se utilizaron el calentado y la fusión.
En la península ibérica, a partir del Bronce Final se documentan las piezas compuestas y las primeras aleaciones.
[3] Se documentan sobre todo: Remetido y embutido: El repujado se fundamenta en la realización de motivos con un cincel de punta roma para evitar que se corte la lámina, o bien con punzones que permitan curvar el metal sobre sí mismo y definir grietas profundas desde el reverso, para que salgan en el anverso.