Entrada de Diego de Rojas al Tucumán

Aunque Rojas murió en la travesía, la expedición continuó hasta alcanzar el río Paraná y retornó al Alto Perú sin hallar los tesoros que buscaban.

El interior argentino comenzó a ser explorado poco después de la conquista del Perú.

César se dirigió hacia el interior y luego retornó al fuerte.

Fracasado ese intento, buscó lograrlo por el Tucumán o Tukma, para lo cual solicitó al gobernador del Perú, Cristóbal Vaca de Castro, que le encomendara la entrada a una provincia situada entre Chile y el nacimiento del Río Grande que llaman de la Plata, apoyado en los méritos contraídos en la guerra contra Almagro.

Aunque un barco fue comprado en Arequipa, al parecer no salió con los refuerzos.

Desde el Cuzco, Rojas partió en vanguardia en mayo de 1543 con 60 (según Lozano) u 80 soldados en dirección al valle de Xaguana por el camino del Inca hacia el Collasuyo, seguido dos semanas después por Gutiérrez con 90 soldados, y luego a mediados de junio por Heredia con 18 hombres.

Allí halló algunas gallinas de Castilla que se presume Francisco César había dejado entre los indígenas en 1528.

Dejando a su izquierda el cerro Pelado continuó por la quebrada del Portugués siguiendo el río del Pueblo Viejo hasta llegar al llano, tierra de los tonocotés.

En Capaya fue recibido por el cacique Canamico (a quien le faltaba una pierna) rodeado de 1.500 guerreros, prohibiéndole que avanzara sobre sus tierras.

Peleó solo hasta que llegaron sus hombres muriendo algunos indígenas, dispersándose los demás.

Rojas consiguió lo que buscaba y luego quedó en buenas relaciones con Canamico, a quien perdonó la vida.

Ante el peligro de un ataque indígena, retornaron a Tucma, que al entrar sigilosamente hallaron con sus habitantes.

Al quinto día los habitantes de Tucma se alejaron de pronto llevándose todos los alimentos en un intento por obligarlos a partir, lo que debió hacer Rojas ante el peligro del hambre.

Allí los alcanzó Gutiérrez (probablemente en diciembre de 1543), quien había sido encontrado en Totaparo por Mendoza, llegando con la guarnición dejada en Chicoana.

Heredia llegó a Chicoana y luego siguió en busca de Rojas.

Desde el valle de Tafí Heredia llegó al llano probablemente por la quebrada del río los Sosa, ya que no se encontró con el destacamento que Rojas envió para esperarlo en la quebrada del Portugués, permaneciendo en un caserío durante tres meses.

Éste tomó el mando y nombró maestre de campo a Diego Álvarez.

Heredia dejó un contingente en Quire Quire y siguió hacia el Perú,[8]​ luego pensó en retroceder hacia el Tucumán, pero no lo realizó y al llegar a Sococha en el Alto Perú recibieron de los indígenas noticias confusas sobre la guerra entre los conquistadores del Perú.

Cristóbal Vaca de Castro y su firma, según grabado de Evaristo San Cristóval, 1891.