Cloaca Máxima

Construida en la Antigua Roma para drenar las marismas locales y eliminar los desperdicios de una de las ciudades más populosas del mundo, llevaba un afluente hacia el río Tíber, que fluía junto a la ciudad.

[2]​ La Cloaca Máxima fue construida a finales del siglo VI a. C. en tiempo de los últimos reyes de Roma, originariamente como un canal a cielo abierto; en particular el rey que oficializó la construcción fue Tarquinio Prisco.

[3]​ Con el tiempo, los romanos cubrieron el canal y lo transformaron en una red de cloacas para la ciudad.

[6]​ Aunque Livio describe que fue excavada en el subsuelo de la ciudad, escribía siglos después del acontecimiento.

El sistema de acueductos fue investigado por el general Sexto Julio Frontino a finales del siglo I, quien informó sobre su estado directamente al emperador Nerva.

Las residencias privadas de Roma, incluidas las más lujosas, debían conformarse con un pozo ciego o algún otro arreglo similar.

Probablemente es la cloaca más antigua aún en funcionamiento en el mundo, alrededor de dos mil años.

Queda visible el tramo bajo la basílica Emilia, en travertino y toba del Aniene, probablemente contemporánea de la construcción de la misma basílica (entre el 55 y el 34 a. C.), que fue restaurada en el año 1911 por Giacomo Boni.

El recorrido sigue luego por el Vicus Tuscus atravesando el Velabro: en este tramo un conducto en opus caementicium del siglo I lo sustituye con una modificación del recorrido más antiguo, barrado, cubierto con losas de montera de hierro, colocadas a cappuccina, que data del siglo IV a. C. Además en este tramo el acceso es difícil y el conducto está poco explorado.

Otro ámbito accesible se encuentra en el antiguo Foro Boario, en correspondencia con el llamado Arco de Jano cuadrifronte.

Vista de la Cloaca Máxima tal como aparecía en el año 1814. Óleo sobre lienzo de Christoffer Wilhelm Eckersberg .
Salida de la Cloaca Máxima tal como es posible verla hoy (2005).
La Cloaca Máxima en una acuarela de Ettore Roesler Franz .