Estos árboles suelen estar protegidos por legislaciones especiales de cada región o país.
Deben establecerse zonas de protección a su alrededor, cuya extensión varía según el paisaje, las especies asociadas, los peligros potenciales y otros factores.
Para cualquier clase de protección debe pedirse un permiso a la administración competente.
Para los casos en que alguien daña los árboles catalogados de singulares, las leyes estipulan sanciones.
[2] Los inventarios de árboles singulares son abiertos, ya que se pueden incorporar continuamente nuevos ejemplares o eliminar los muertos.