Rafael Gutiérrez Girardot

Sus años universitarios fueron prolíficos, además, participó en diferentes actividades políticas y culturales.

Paralelamente, participó en la formación de un fugaz movimiento político de tendencias derechistas llamado Revolución Nacional, en el cual figuró como dirigente al lado del ensayista y traductor Hernando Valencia Goelkel, el poeta Eduardo Cote Lamus, el filósofo Ramón Pérez Mantilla y el posterior integrante del Opus Dei, José Galat.

[1]​ Durante los años en Europa, Gutiérrez fue hábil en superar los acosos económicos con becas y trabajos fugaces.

En 1953 contrajo matrimonio con una alemana, Marliese, con la que tuvo dos hijas: Martella y Bettina; y unos meses después fue contratado como profesor por el Instituto Iberoamericano de Gotemburgo, anexo a la Universidad, en Suecia, reemplazando a Jorge Luis Borges, quien había rechazado el cargo.

En 1956, por mediación de su amigo Eduardo Cote Lamus, quien era cónsul en Fráncfort, ingresó como traductor a la embajada colombiana en Bonn.

Ascendido a agregado cultural, durante diez años observó los cambios habituales propios del ámbito diplomático.

En 1959 fundó, con Francisco Pérez González, la editorial Taurus; allí apareció En torno a la literatura alemana (1959), trabajo donde se divulgan y presentan, con sistematicidad y en traducción aceptable, autores como el poeta Gottfried Benn, el polemista austriaco Karl Kraus, el diarista de la Primera Guerra Mundial Ernst Jünger, el discípulo de Stefan George, Max Kommerell y el poeta suicida E. W. Winckler.

Ensayo de interpretación, obra que le valió el reconocimiento y la amistad personal del escritor argentino.

Durante estos años, Gutiérrez Girardot trabajó en la Universidad de Colonia y organizó los primeros cursos sobre literatura latinoamericana.

Su forma de trabajo: amor y rigor por el estudio, empeño por conocer mejor su propio país y continente (según el viejo ideal de Domingo Faustino Sarmiento), actitud polémica con personas e instituciones que fomentan y mantienen la mediocridad espiritual, divulgación de la tradición intelectual americana, es un modelo para las nuevas generaciones.