Se suele considerar que las lenguas naturales obedecen a principios de economía y optimidad.
Así junto con las lenguas naturales humanas tenemos: Al contrario que en un lenguaje formal de tipo lógico-matemático, donde el significado de una cadena o frase sólo está influido por su aspecto o «forma», en los lenguajes naturales la semántica o significado específico y contextual de sus componentes intervienen en la validez o no de la frase, añadiendo complejidad a su estudio.
Admitiendo la existencia de reglas de comunicación, la lingüística estructural llegó a definir extensivamente una determinada lengua natural como el conjunto de frases que se pueden emitir y utilizar en esa lengua.
Eso llevó a descubrir que muchas de las características presentes en las lenguas naturales humanas también estaban presentes en el lenguaje animal.
Sin embargo un pequeño número de características parecen exclusivas de las lenguas humanas entre ellas: Sorprendentemente, el lenguaje animal permite la prevaricación o la «mentira» en el sentido de que algunos animales pueden llegar a simular gritos de alarma falsos para confundir a otros individuos.