Ese mismo año se casó con Pilar Gefaell, con la que tuvo cinco hijos.
Él mismo decía que era un poeta metido a filósofo, y no al contrario.
Con un claro compromiso social, político y cristiano, apoyó la causa popular en Centroamérica (Cuba; el sandinismo: se relacionó con los poetas nicaragüenses exiliados Julio Ycaza, Luis Rocha y Fernando Silva).
Por motivos políticos, (solidaridad con los profesores Enrique Tierno Galván, José Luis Aranguren y Agustín García Calvo, expulsados de la universidad de Madrid por las autoridades académicas del Régimen) renunció a su cátedra en 1964 y se exilió.
En 1960 había recibido este mismo galardón por una antología de Rainer Maria Rilke.
En 1990 se le concedió también el Premio Nacional a la obra de un traductor.
Luego fue introduciendo en sus versos nuevos asuntos, cada vez más humanos, acercándose a planteamientos marxistas.
Su obra se caracteriza por un acentuado humanismo con toques intimistas, que lo convierten en una de las más brillantes figuras del panorama poético español.