Se trató de una creencia profundamente arraigada desde la Antigüedad, ya que fue descrita por Aristóteles, luego sustentada y admitida por pensadores de los siglos XVI y XVIII como René Descartes, Francis Bacon e Isaac Newton.
Con el propósito de demostrarlo, diseñó un experimento para determinar si se desarrollaban larvas de moscas si no se dejaba a ninguna mosca adulta entrar en contacto con la carne.
Puso la carne en tres frascos: uno de ellos permaneció abierto y selló los otros dos.
Redi rediseñó su experimento y empleó gasas para tapar los frascos: estas permitían que entrara el aire, pero no las moscas.
Aun así, los defensores de esta teoría no la consideraron suficiente.
No obstante, prolongando el periodo de calentamiento y sellando con más cuidado los recipientes, Spallanzani pudo demostrar que dichos caldos no generaban microorganismos mientras los recipientes se mantuvieran herméticamente cerrados y habiendo sido esterilizados.
Estos matraces tienen forma de "S" con cuellos muy alargados que se van haciendo cada vez más finos, terminando en una abertura pequeña.
Pasteur demostró así que los microorganismos tampoco provenían de la generación espontánea.