Se piensa que la zona pudo haber estado habitada por grupos nativos alrededor del año 1300 a. C.[1] El Chanal constituye un fenómeno de suma importancia.
Se sabe de una filiación náhuatl por el indudable sello impreso en la cultura material del sitio, representado por deidades como Tláloc y Ehécatl.
El nombre del sitio se relaciona con seres imaginarios conocidos como “chanos” que habitaban los arroyos.
[2] En su Interior se encuentran espacios ceremoniales, plazas, altares centrales e inclusive algunos juegos de Pelota.
En 1945, el sitio fue explorado por el arqueólogo Vladimiro Rosado Ojeda, quién descubrió una pirámide con los restos de una escalinata y gradas labradas en bajorrelieve.
Los motivos tenían 36 lápidas (Nueve por escalón) que mostraban imágenes de dioses como Tláloc y Ehécatl.
[1] El Chanal cuenta con seis plazas o centros ceremoniales importantes: Incluye dos altares, uno rectangular, muy deteriorado y otro circular, donde se encontraron varios entierros.
La acusada religiosidad de los pobladores del Chanal se hace presente en sus magníficos espacios rituales y ceremoniales.
Otros, en cambio, contaban con entradas restringidas a las que sólo podían ingresar las autoridades religiosas y civiles.
Se encuentran los edificios más imponentes del sitio: Formada por dos cuerpos en el lado poniente y tres en el oriente.