Esto es probablemente activado por las floraciones de las que liban el néctar, abundantes ya en esta época.
La reina es la única hembra fértil y deposita los huevos de los cuales nacen todas las demás abejas.
La abeja reina no abandona la colmena, salvo durante los vuelos de fecundación, o cuando se produce un enjambre para dar lugar a una nueva colonia.
En aproximadamente otra semana (nuevamente dependiendo de la especie), la ninfa emerge como una abeja adulta.
Durante la etapa de pupa, las abejas obreras tapan o sellan la celda real.
La reina es una larva alimentada por secreciones de las abejas obreras nodrizas durante toda su vida.
Las abejas obreras nodrizas llenarán esta celda real con una sustancia que secretan denominada jalea real operculándola (cerrándola) al octavo día, y al día dieciséis de la puesta del huevo emerge la reina virgen.
Por el contrario, cuando una abeja reina ya no realiza adecuadamente su labor, una muy joven (o recién nacida) es preparada mediante la alimentación con jalea real, con el objetivo de que sea fértil y visiblemente más grande.
La proteína royalactina, cuando se combina con otros nutrientes, transforma en larvas reinas con la misma eficacia que la jalea real.
[3] La abeja melífera (Apis mellifera) forma dos castas de hembras: la reina y las obreras.
Estos resultados indican que un factor específico en la jalea real, royalactin, impulsa el desarrollo de la reina.
La reina se distingue por su apariencia larga y delgada causada por el desarrollo completo de los ovarios en el abdomen.
El mecanismo por el cual la abeja reina fecunda los huevos con esperma de diferentes zánganos también lo desconocemos.
Durante periodos favorecedores una reina buena puede poner más de mil quinientos huevos al día.
Se distribuye por toda la colonia por medio de las obreras que cuidan a la reina.