El diminuto tamaño de las partículas pigmentadas del ocre permite pulverizarlo hasta un grado muy fino sin que pierda su color.
Por lo común se presentan mezclados con cuarzo, arcillas, yeso, micas, feldespatos, etc., aunque también los hay sumamente puros.
[3] En un sentido amplio, los suelos ricos en óxidos de hierro son también ocres, y pueden ser utilizados como fuente del pigmento.
[3] Los ocres naturales generalmente se obtienen mediante la modalidad de minería a cielo abierto.
Vitruvio también refirió que calentando el ocre amarillo se producía un color purpúreo.
Es entonces idéntico en composición a la hematita (α-Fe2O3), aunque se diferencia de esta en que su estructura cristalina presenta un patrón desordenado.
[3] El uso del ocre es tan antiguo que antecede a la aparición de nuestra especie.
En la América precolombina se usaron ocres para pintar códices, para decorar edificios y con fines rituales.
[3] Los ocres también han sido muy usados para pintar las paredes externas e internas de viviendas y otros edificios.
[2] A la izquierda se presenta una muestra ocre del diccionario de Maerz & Paul.
Es la denominación tradicional de los pigmentos naranja rojizos que se fabrican calentando el ocre amarillo hasta los 250 °C.
La composición del ocre original y la temperatura alcanzada determinan variaciones de su color.
[2] En el mundo clásico, la denominación común de los ocres rojos era rubrica (en latín) y miltos (en griego).
Plinio, Vitruvio y Teofrasto mencionan un ocre rojo particularmente apreciado al que llaman sinoper o sinopia, según Teofrasto debido a que provenía del puerto de Sinopia, en el Ponto (Anatolia).
[2] «Ocre carne» fue un nombre tradicionalmente aplicado a los ocres naturales de uso pictórico, al menos hasta principios del siglo XX.