Fue elegido tribuno consular en el año 394 a. C. y, con su colega Cayo Emilio Mamercino, se le asignó la guerra contra los ecuos.
Debido al desorden con el que condujo las operaciones, fue atacado por sorpresa por los ecuos que le obligaron a retirarse a unas colinas cercanas a Verrugo, donde Postumio les echó en cara su conducta con duras palabras y les ordenó que contraatacaran.
Sin embargo, los ecuos se adelantaron y les salerion al paso por la noche.
Las tropas guarnicionadas en esta fortaleza, pensando que Postumio había sido derrotado, huyeron despavoridas a Tusculum a pesar de los intentos de Mamercino por evitarlo.
Viendo a la mañana los soldados que en realidad la suerte no había sido tan adversa, y exhortados por el propio Postumio, los romanos derrotaron definitivamente a los ecuos.