[3] Según un relato de Porfirio, el mismo Pitágoras, adornado con la lana de un carnero negro, estuvo nueve días en la cueva del Ida, donde realizó tres rituales y ofreció un sacrificio a Zeus.
El interior de la cueva está dividido en tres espacios principales: una gran sala central que tiene un desnivel pronunciado y dos cavidades posteriores.
La presencia humana en la cueva fue constante durante todo el periodo minoico, pero fue durante la época tardo-minoica cuando el lugar experimentó un florecimiento relacionado con el culto en este lugar a una divinidad de la vegetación que moría y renacía cada año.
En un momento dado esta divinidad debió ser sustituida por el dios griego Zeus y su culto perduró en la cueva durante las sucesivas épocas históricas hasta que cesó en el siglo V d. C., época a la que pertenecen algunas lámparas halladas en la cueva.
Otro de estos escudos representa a una divinidad (quizá Zeus) entre dos figuras con alas que tocan instrumentos musicales.