Los carros alemanes trataban infructuosamente de restablecer la comunicación con el puerto, pero su artillería no tenía la suficiente potencia para lograrlo.
La navegación no se planteaba sencilla: en cualquier momento el buque podía embestir una mina, fondeada por aviones soviéticos o podía ser atacado por un submarino (si bien esa posibilidad era remota, ya que desde 1942 no había sido divisado un solo submarino soviético fuera del golfo de Finlandia, cuya salida estaba obstruida por minas).
Desde las 3:00, el crucero se encontraba navegando con orden de batalla, ya que podía entrar en acción en cualquier momento.
Mientras tanto los destructores empleaban su artillería media, que prestaba apoyo a la guarnición de Riga, la cual se venía enfrentando con los carros blindados soviéticos.
La acción de los buques sorprendió a los soviéticos, los cuales ni siquiera efectuaron un contraataque aéreo.
Los buques de esta escuadra no salían más que para efectuar algunas raras operaciones en Noruega.
Los oficiales y las tripulaciones de estos buques, que en conjunto representaban una fuerza apreciable, se sentían amargados ante esta “degradación”.
El éxito conseguido por el “Prinz Eugen” en Riga permitió a los ejércitos alemanes pelear dando la espalda al mar y protegidos por la artillería de sus buques.
Esta misión debía servir para contener y, si fuera posible, detener el avance constante de las tropas soviéticas.
La visibilidad no sobrepasaba los 50 m. En previsión de ataques aéreos, el “Leipzig” apagó sus luces, marchando lentamente a la deriva.
En la colisión, el “Prinz Eugen” introdujo su esbelta proa hasta la quilla del “Leipzig” por la banda de babor, entre el puente y la chimenea.
Así engarzados, marcharon a la deriva durante catorce horas en una zona peligrosa en donde operan aviones y submarinos soviéticos.
Dos de ellos empezaron a bombear ininterrumpidamente, mediante 16 mangas, el agua que subía por la proa del “Prinz Eugen”.
Por su parte, el “Leipzig” recibió reparaciones provisionales que le permitieran efectuar misiones contra el enemigo.
La península estaba condenada, pero era deseable, por lo menos, sacar de allí las tropas y su material más valioso.
Para ello hicieron intervenir escuadras enteras de aviones torpederos contra los buques alemanes, los cuales lograron evadirlas sin daños.
Sin embargo, los soviéticos se esforzaron en impedir que los alemanes evacuaran la península, utilizando lanchas cañoneras y buques ligeros.
Entretanto, el Ejército Rojo completaba el cerco a la ciudad, avanzando hasta Frisches Haff y cortando así toda comunicación con Königsberg.
Los cruceros pesados “Lützow” y “Admiral Scheer” atacaron las líneas soviéticas, ayudando a que las tropas alemanas de tierra lograsen restablecer las comunicaciones con Königsberg durante unos días.
Por el telémetro del “Admiral Scheer” podían verse las largas columnas, avanzando por el Haff helado, en tanto que los soviéticos usaban la artillería contra ellos.
El “Admiral Hipper”, fondeado en Kiel, resultó también gravemente averiado, por lo que la flota a disposición del almirante Thiele quedó reducida al “Lützow” y el “Prinz Eugen”.
Finalmente, el “Lützow” partió hacia el oeste y fondeó en el canal Kaiserfahrt ante Swinemünde (actual Świnoujście).
Tras once días de trabajo, un buque bomba había logrado nivelar la nave, lo que permite salvar las dinamos.
Sin embargo, el ataque soviético era imparable, y se tomó la decisión de destruir lo que quedaba del barco, utilizando los proyectiles remanentes.
Hacia la medianoche el resto de la tripulación embarca en un pequeño buque, cuyas máquinas son inmediatamente puestas en marcha.