El Apocalipsis de San Juan, que se escribió durante el reinado del emperador Domiciano, describe sucesivamente a dos bestias de Satanás (una surgida del mar y la otra de la tierra para secundar a la primera) que simbolizan la opresión del poder del imperio romano y los medios que se despliegan para este fin; y a una tercera bestia que es denominada como la bestia escarlata.
[3] Sin embargo, la descripción de la bestia se encuentra principalmente en los capítulos 13 y 17 del Apocalipsis.
De los siete reyes, cinco han caído, uno lo es, y el otro no ha venido todavía.
Esta segunda bestia subía de la tierra, sin describir su apariencia general, aunque se dice tener 'dos cuernos semejantes a los de un cordero' y hablar 'como un dragón'.
También declara la muerte a cualquiera que no adore la autoridad de la bestia.
La segunda muerte no tiene poder sobre los que fueron victoriosos sobre la bestia[15] al no ser engañados, no haber adorado a la bestia ni a su imagen, ni tampoco hubieran recibido su marca en sus frentes o en sus manos, a pesar de que perdieron la vida en la Tierra.
Por ejemplo, las primeras comunidades cristianas experimentaron episodios esporádicos de persecución más o menos severa por parte de las autoridades del Imperio Romano, que tendieron a intensificarse a comienzos del siglo IV.
La tradición cristiana identifica regularmente a la primera Bestia con uno u otro de los emperadores romanos, incluso, en el Oecumenius, con sus siete cabezas a siete de ellos: Nerón, Domiciano, Trajano, Alejandro Severo, Decio, Valeriano y Diocleciano.
[22] En el siglo XX el totalitarismo nazi, por un lado, y el totalitarismo soviético, por otro, pudieron verse percibidos como nuevos 'rostros' de la Bestia por oponerse a Dios y a su Iglesia.