Esta fue también la primera vez en la historia que un rey renunció a la Corona británica de manera enteramente voluntaria.
Ricardo II de Inglaterra, por ejemplo, fue forzado a abdicar después de que fuera despojado del trono por su primo, Enrique Bolingbroke, mientras Ricardo se encontraba fuera del país.
Cuando Jacobo II de Inglaterra, después de lanzar el Gran Sello del Reino al Támesis, huyó a Francia en 1688, no renunció a la corona formalmente, y se discutió en el Parlamento la cuestión de si había perdido su derecho al trono o si había abdicado.
Estos son solo algunos ejemplos previos a la Edad Moderna: Históricamente, si un monarca abdicaba ello se veía como profundo y chocante abandono del deber real.
Como resultado, las abdicaciones normalmente solo ocurrían en las más extremas circunstancias de tumulto político o violencia.