Tuccia fue una virgen vestal de la antigua Roma cuya virginidad fue cuestionada por unas falsas acusaciones.
Ya entonces se creía que cuando la piedad de mujeres y hombres virtuosos era cuestionada por escépticos, los dioses podían obrar milagros para reivindicarlos.
En el caso de Tuccia ella empleó un cedazo para llevar agua, sin que el líquido llegara a caer a través del tamiz.
Aun así, en la sátira VI de Juvenal (renombrada 'Contra Mujeres') la menciona como una de las muchas mujeres lascivas.
Pinturas de mujeres castas a menudo incluirían un tamiz y este símbolo destacará en muchas representaciones de la "reina Virgen" Isabel I de Inglaterra a finales del siglo XVI.