A esta singularidad también contribuyen el conjunto de cúpulas de medidas y formas diferentes que coronan el edificio, y su acabado de mosaico cerámico, que le da una imagen formal excepcional y un cromatismo notable, en el que destaca la cruz de coronamiento que da nombre a la Torre.
El encargo dejaba libertad al arquitecto, salvo que debían de ser dos casas similares, para sus hijos Joan y Lluís.
La construcción se interrumpió con la Primera Guerra Mundial, pero consiguió finalizarse en 1916.
El proceso de construcción tuvo una fuerte desviación presupuestaria debido a los constantes cambios introducidos sobre la marcha por el arquitecto.
En el año 1966 el arquitecto Lluís Bonet i Garí reformó la torre y la convirtió en un edificio de una única vivienda.