[1] Datan del período romano y, aunque la datación es controvertida, abarcan de mediados del siglo I a. C. hasta el siglo IV.
Casi todos han sido actualmente separados de las momias.
[2] Normalmente, representan a una sola persona, mostrando el rostro o la cabeza y el torso superior, vista frontalmente.
Debido al clima cálido y seco de Egipto, las pinturas suelen estar bien preservadas e incluso, a menudo, conservan sus colores brillantes.
Dan la sensación de ser imágenes en tránsito, su importancia reside en la mirada ausente y ojos marcadamente agrandados, que aunque no es frontal del todo, sugiere e intenta expresar una vida interior, como si estuviesen al mismo tiempo aquí y allí.