Fue beatificado por el Papa Gregorio XV en 1622 y canonizado por Clemente IX en 1669.
Llamado por Carlos I en su retiro de Yuste para ser su confesor, declinó el santo alcantarino dicha proposición.
[6] Esta vida de contemplación no era obstáculo para estar en relaciones con muchas personas por vía epistolar e, incluso, para hacer largos viajes, generalmente a pie, especialmente por Extremadura y Portugal.
Viajaba, en un asnillo, a Ávila, Oropesa y al convento de Nuestra Señora del Rosario, situado en las proximidades del actual embalse de Rosarito.
Mientras se construía el pequeño convento, vivía en una casa que tenía la cofradía del mismo nombre en el pueblo y que después se convirtió en Enfermería.
Vuelto en sí, y diciendo: «¡Qué alegría cuando me dijeron, vamos a la casa del Señor!», entregaba su espíritu.