Por ello, es más adecuado caracterizar las obras literarias por su lugar de origen, su lenguaje o su género.
Numerosos himnos de esta época han sobrevivido al paso del tiempo, tanto litúrgicos como paralitúrgicos.
El texto de estas obras teatrales normalmente era controlado por las cofradías locales, y los autos religiosos eran llevados a cabo regularmente en días festivos determinados, a menudo durando todo el día y parte de la noche.
Durante la Edad Media, la población judía residente en Europa también produjo un cierto número de escritores destacados.
La literatura laica en este período no fue tan productiva como la literatura religiosa aunque gran parte del material ha sobrevivido y poseemos hoy una gran cantidad de obras de la época, crítica con la corrupción del clero.
Le serviría para desarrollar los valores de la caballería, con la que se identificaba, y podría utilizarla más libremente, al no tener unos orígenes fijados.
[2] El tema del amor cortés cobró importancia en el siglo XI, especialmente en las lenguas romances, principalmente el francés, el castellano, el provenzal, el gallego y el catalán, y en las lenguas griegas, dónde los cantantes ambulantes —los juglares— se ganaban la vida con sus canciones.
Los escritos de los trovadores, que son los que difundían los juglares, eran conocidos como cantares de gesta y suelen ir asociados al anhelo no correspondido, pero no siempre es así, como se puede ver en la Alborada.
También se pueden encontrar en este período poesías políticas, especialmente a finales de la Edad Media, escritas tanto por clérigos como por escritores laicos, que utilizaban la forma del goliárdico.
La escritura religiosa fue la opción más fácil para ellas —las mujeres que eran posteriormente canonizadas como santas solían haber publicado sus reflexiones, sus revelaciones y sus oraciones—.
Hacia finales del siglo XI se afianza en Europa un modelo trifuncional de la sociedad que tiene su origen en la estructura de los pueblos indoeuropeos y que continuará hasta las revoluciones burguesas del siglo XVIII.
Es en dos obras del siglo XI donde el historiador Georges Duby sitúa el afianzamiento de esta estructura.
En el mismo marco temporal del siglo IX, en Inglaterra, el rey Alfredo el Grande tradujo De consolatione Philosophiae de Boecio añadiendo a la idea trifuncional la figura del rey en el vértice.
Se trata del Roman d’Alexandre, escrito por Alberico de Pisançon hacia 1130, donde el esquema trifuncional aparece trasladado al ambiente cortesano.
[9] Estos rasgos están relacionados con las peculiaridades del mundo medieval: la oralidad, ya que algunas de las manifestaciones literarias más importantes y destacadas de la Edad Media fueron difundidas oralmente porque eran concebidas para ello.