[1] En un plano cercano La Goulue es captada, como en una instantánea fotográfica, por sorpresa al entrar en el Moulin Rouge, acompañada del brazo de dos mujeres vestidas de oscuro: su hermana (a la izquierda) y su amante (a la derecha).
La bailarina luce un vestido blanco con reflejos celestes, de vertiginoso escote apuntado y decorado con una ramita floral, lleva al cuello una cinta negra y una fina cadena de oro, anillos en la mano izquierda y aretes a juego, y su cabello trigueño está recogido en su característico moño alto.
Aunque la bailarina parece segura de sí misma, casi arrogante, es inevitable captar un dejo de decadencia en su figura y mirada triste.
[2] La composición, así como el naciente arte fotográfico y el trabajo de Edgar Degas (un artista muy admirado por Lautrec), parece influenciado por los grabados japoneses Ukiyo-e en la elección de espacios poco profundos, recortes audaces y contornos pesados que aplanan las formas.
Lautrec consideró esta obra como la mejor de sus pinturas inspiradas en los salones de baile y cabarets y en 1892 la exhibió cuatro veces.