Las escuelas monásticas fueron las más importantes instituciones educativas de la cristiandad latina desde la antigüedad tardía (siglos IV al VIII), importancia que mantuvieron en el resto del periodo altomedieval, desde el Renacimiento carolingio (cuando funcionó la escuela palatina de Aquisgrán y otras escuelas carolingias).
[2] Desde el siglo V muchos abades se impusieron la responsabilidad de educar a los jóvenes que entraban en su monasterio.
[4] Casiodoro, tras abandonar la vida política (537) se retiró a un monasterio que fundó en sus tierras de Vivarium (Italia meridional).
Aunque algunas escuelas monásticas contribuyeron al surgimiento de los studia generalia y las universidades medievales, este proceso no quedó sin respuesta por parte de los monasterios.
[14] Mientras en los monasterios se renovaba la vida ascética, la vida universitaria bajomedieval se convirtió gradualmente en el ámbito natural de la especulación intelectual, cuyo centro pasaron a ser, en perjuicio de aquellos.