En la geografía del idioma español también han sido muy populares sus diminutivos: bacinejo, bacinilla, bacinica,[nota 1] y baciniya.
[nota 3] Se acepta como origen etimológico la voz del latín medieval «bacinus».
Las bacinillas, que acabarían denominándose orinales, tuvieron en el hierro esmaltado y las porcelanas sus materiales de mayor difusión industrial.
Las primeras noticias del precedente del bacín se sitúan en la corte del primer Sesóstris egipcio; asimismo, los arqueólogos lo han rastreado en Xi'an,[4] en China, 1950 años a. C.[5] Bacines de bronce y cerámica de varios tamaños fueron de uso común en las grandes culturas clásicas occidentales; así, el moderno «δοχείο νυκτός» de los griegos, la «cubiculum olla» citada por Petronio y Juvenal y, más tarde, en el siglo I d. C., los bacines de plata que San Clemente no veía con buenos ojos.
El bacín bajo de supuesto origen francés, el orinal del siglo XVII, llegaría a fabricarse a gran escala en materiales refinados como la porcelana, haciéndose popular un siglo después y produciéndose industrialmente en distintos materiales, hasta la actualidad.