Se han encontrado momias del antiguo Egipto infectadas con este parásito,[3] así como también huevos de Ascaris lumbricoides en coprolitos humanos en Perú que datan aproximadamente del año 2276 a. C.[4] Dado el gran tamaño de este gusano, su existencia debe haber sido bastante obvia, y existen muchos escritos antiguos que hacen referencia a esta infección.
[6] Para 1915, Stewart describió el ciclo vital del helminto, incluyendo su paso por los pulmones,[7] y, en 1922, Koino en Japón ingirió experimentalmente 2000 huevos de Ascaris lumbricoides; 11 días después, encontró larvas en su esputo, y días después eliminó 667 gusanos por las deposiciones al administrarse un antihelmíntico, estableciendo el ciclo completo.
Los efectos que provoque en el organismo dependen del lugar donde se encuentre y de su forma evolutiva.
Eventualmente las larvas podrían no llegar al pulmón y alojarse en otros órganos, provocando una reacción granulomatosa.
También pueden ocurrir complicaciones graves como obstrucción intestinal, e incluso migración de individuos adultos a otros órganos del cuerpo, como el colédoco y las vías biliares.
[10] Los gusanos adultos generalmente no causan síntomas agudos, sin embargo, infestaciones por un gran número de individuos pueden causar dolor abdominal agudo y obstrucción intestinal, cuando estos se anudan entre sí, y forman un gran bolo.
La permanencia de los gusanos en el intestino puede generar diarrea, dolor abdominal difuso, náuseas y vómitos.