Neomexicanismo

Para empezar, reflejaba la cotidianidad de la cultura mexicana, el pastiche, el reciclaje y la apropiación libre de imágenes y clichés que provenían del pasado local, recontextualizándolos en lenguajes visuales plenamente contemporáneos.

El devastador terremoto de 1985 y, por si fuera poco, el fraude electoral de 1988, etc.[4]​ Todos estos acontecimientos hicieron que la sociedad reflexionara más su identidad como mexicanos, haciéndose las preguntas ¿Quiénes somos?

Por lo que, numerosos artistas decidieron hacer uso de una iconografía que aludía directamente a la cultura nacional, a través del uso provocador de sus temas, signos y símbolos.

[5]​ Bajo el término de «neomexicanismo» se reunió a los artistas visuales que representaban e interpretaban en clave muy personal los motivos iconográficos que, hasta en ese entonces, eran incuestionables como signos de la identidad mexicana, tales como las esculturas y el arte prehispánico, la figura del charro, el escudo nacional y los símbolos patrios; e incluso la virgen de Guadalupe.

En sintonía con las tendencias internacionales, donde la pintura dominaba la escena comercial del arte tras las experiencias conceptuales y performanceras de los años 70, el neomexicanismo fue bien recibido, como lo había sido el neoexpresionismo alemán o neoyorquino y la trans vanguardia italiana.

Título: Los cómplices. Año: 1987. Autor: José Julio Galán Romo (1958- 2006)