Esta es una forma de mutualismo en la que la planta se beneficia por la dispersión de sus semillas y la hormiga recibe alimento.
Diferentes especies de hormigas recogen y transportan frutos y semillas, la mayoría de los cuales tienen unos apéndices, llamados eleosomas (literalmente, "cuerpos grasos"), que contienen sustancias nutricionales o atrayentes.
Las hormigas se llevan las semillas al nido y, allí, alimentan a sus larvas con los eleosomas dejando el resto de la semilla, todavía viable y con capacidad de germinar, en un sitio apartado de dicho nido donde acumulan hormigas muertas y otros desechos que, además, sirven de abono para la germinación de las semillas.
[1] Experimentos hechos con la euforbiácea Euphorbia characias demuestran que si una hormiga encuentra una semilla de esta especie, la probabilidad de que sea transportada al hormiguero se incrementa por 7 si la semilla tiene un eleosoma.
[2] La presencia de un eleosoma no es del todo imprescindible, pues hay especies de hormigas granívoras (por ejemplo Messor barbarus) que acumulan en el nido, a efecto de reservas alimenticias, frutos y semillas enteras que pueden germinar bajo tierra antes de ser eventualmente usadas como alimento.