Por su pobreza no se le condenaba a costas y el matrimonio con la citada Juana compensaba la indemnización, aunque no parece que la pareja llegase a contraer el matrimonio que el juzgado les reclamaba.
[4] Acabada con el beneplácito de la Audiencia la pintura del Nazareno, solicitó un nuevo aplazamiento para poder trabajar en otra pintura que tenía iniciada para el hospital de Las Palmas, cuyo asunto no se indica.
No se tienen otras noticias hasta su reaparición en 1767 en Alicante, ocupado en la pintura de la capilla del Ayuntamiento.
Tras recorrer algunas otras ciudades españolas y conocer a Mengs en Madrid, en 1773 regresó a Canarias, estableciéndose en Santa Cruz, aunque, solitario y de carácter extravagante, mudó con alguna frecuencia de residencia.
[10] Al contrario, Miranda era para el cabildo «conocido por su habilidad en esta arte», por lo que dos años después se le encargó el retrato del obispo Verdugo que, según se quejaba el canónigo magistral, nunca terminaba el pintor por haberse embarcado en cierto proyecto de pesca.