A esto Sócrates refuta diciendo que hablar del enamoramiento o el amor en sentido negativo va en contra de los dioses; ya que, el amor es una divinidad (Afrodita y Eros) y si es una divinidad no puede ser malo sino bueno.
Este último es un empuje hacia el amor que entra por los sentidos para llevar al mundo cognoscible y así poder observar la verdad.
También advierte en este discurso que los destinos del alma son en total nueve de acuerdo a la cantidad de verdad que haya visto el alma alada en su viaje siguiendo a los dioses.
El alma es alada y al caer del camino pierde esas alas.
Esta a la vez es comparada con los supuestos maestros de la época en retórica como Gorgias, Lisias, y algunos sofistas.
En el diálogo, el personaje Sócrates se vale de la alegoría para plantear el mérito del Amor como locura divina.