Su presencia se detecta gracias a las discontinuidades geológicas del terreno.
Hay dos tipos de falla transformante: las que segmentan las dorsales mesoceánicas y las que forman los bordes pasivos entre placas tectónicas continentales.
En las fallas o bordes transformantes que forman los bordes pasivos entre placas tectónicas, las placas se desplazan una al lado de la otra horizontalmente, sin producir ni destruir litosfera.
Las que se producen en los bordes constructivos de placas son las que dividen las dorsales oceánicas en segmentos más o menos cortos de trazo recto, para acomodarlas a un trazado general curvo o sinuoso u oblicuo respecto a la dirección de expansión del suelo oceánico (ver imagen a la derecha).
En un borde divergente las placas tectónicas se separan, lo que provoca el ascenso de material desde el manto y la creación de nuevo suelo oceánico, es decir, nueva corteza oceánica.