Sus primeros éxitos tuvieron lugar en el San Carlo de Nápoles con Rigoletto y Aida.
Inmediatamente después hizo su presentación en Lisboa, Buenos Aires y en el Metropolitan de Nueva York.
Debutó en la Scala de Milán en 1912 con Don Carlo y cantó allí en 17 temporadas, hasta 1938.
Fue contratado en la Ópera Lírica de Chicago y volvió a Buenos Aires, donde permaneció hasta 1952.
Su pasional fraseo y elocuente enunciación lo hicieron un distinguido intérprete verdiano, particularmente de Rigoletto.