[2] Por aquella época se estaba montando el Museo Antropológico de Madrid, dirigido en ese momento por Pedro González de Velasco,[3] quién se enteró de la existencia del gigante y contactó con él.
Éste le hizo una curiosa propuesta: le ofreció comprarle su cadáver por 2,50 ptas diarias mientras que viviera.
A cambio de esto, una vez fallecido, su cadáver quedaría expuesto en el museo antropológico de Madrid.
Agustín aceptó la propuesta que se le había hecho y empezó en ese momento a disfrutar de la vida con la seguridad de tener para vivir.
Aunque esto no le duró mucho, ya que pronto se le diagnosticó tuberculosis ósea en estado avanzado, y murió el 31 de diciembre de 1875 a la edad de 26 años.